domingo 5 de septiembre de 2010

UTMB (3)

... pues hasta Le Fouly fui haciendo slalom. El piso estaba "achocolatado" y había que estar atento a no pegársela.

Peeeero, en esto que me uno a un "grupetto" en el que uno de ellos, que no llevaba bastones y que encontraría más tarde saliendo del avituallamiento de L.F., luchaba contra la Ley de la Gravedad, con bastantes dificultades.

Aprecio que se inclina, producto de haber pisado la hierba embarrada, y empieza hacer aspavientos con los brazos, lucha que te lucha, contra la llamada de la tierra. Se agachaba y, al instante, le veía echarse hacia atrás, todo esto en décimas de segundo. Hasta que su habilidad ya no pudo con los elementos, y se pego una buena costalada.

Esto no fue lo peor, puesto que acudimos en su ayuda y no le había pasado nada importante. Lo más relevante es el "chocolate" que le embadurnó. El hombre tenía una camiseta blanca. Bueno pues, al levantarse, quedó "tuneada" convenientemente. La carilla también sufrió efectos y las manos... ¡pringosillas!

Bueno, seguimos adelante. Llego a Le Fouly y miro a ver dónde puedo dejar mis bártulos y proceder a reponerme.

Un voluntario de la Organización, que recogía los "restos" de las mesas, se dirige hacia a mí. Mira mi dorsal, en el que se refleja la bandera del país, y me habla en muy correcto español. Es Yasmil. Marroquí casado con una española que trabaja en Suiza. El también hace sus pinitos en carreras y, tras sugerirle que me esperara un momento mientras iba a por caldo y coca-cola, proseguimos la charla durante diez o quince minutos. Me preguntó de dónde venía, etc. Finalmente, el siguió con su trabajo y yo, inesperadamente, encontré a la familia de Felipe "Trepariscos". Nos saludamos y me puse la mochila para seguir la jornada.


Ahora continuaba la bajada y había mucha pista y asfalto también. Creo que fue en Chapex-Lac, en donde encontré a Mark y a Paco.

Primero vi a Paco dando cuenta de un plato de macarrones. Le llamé y le pedí que me guardara un sitio. Fui a por mi caldo y por mi coca-cola. Añadí una especie de compota. De pronto, al pasar por  delante de la zona de los macarrones, me encuentro con que me ponen un plato de ellos en la mano y me echan salsa boloñesa. No me dio tiempo a decir que yo no quería. El caso es que, como si fuera un número de magia, apareció en mis manos. En fin, casi se me caen las pestañas.

Mark acababa de participar en la Ultra Maratón de BADWATER, de 135 millas, por carretera en un desierto USA. El año pasado, la SPARTATHLON, de mogollón de kilómetros también. Es todo un Super Ultra Runner

En fin, estuvimos departiendo alegremente, y Paco (hijo de Paco "el de Ronda") me comentó, sobre la próxima subida a Bovine, que tuviera mucha paciencia. Me dijo que hay mucha gente que se pone nerviosa al ver lo estrecho, sinuoso y larga que se hace la subida, y encontrarse con algún grupo "lento" y, al no poder adelantarlo, se inquietan y pierden la paciencia.

Se lo agradecí y, no acabándome, por supuesto, los macarrones, salí rumbo a la Bovine. Efectivamente, la subida era tal como me la había descrito Paco. Curiosamente, he logrado mejorar mucho en las subidas, llevo un fuerte tren, respecto a otros años. Paso muy constante y la "patata" aguanta uniformemente un buen ritmo. En cambio, en las bajadas, sigo hecho un pato "mareao".

Ninguna novedad en Trient y Catogne. Duranta la bajada a Vallorcine, me encontré con unos suizos que me animaron y me informaron que estaba a una hora del pueblo. Llegué y me dispuse a mis maniobras de restauración, y pude observar cómo había una gran condensación de humedad y del techo de plástico de la carpa, caían gotas. Así que busqué la vertical más libre de éstas, y me dispuse a avituallarme. Alguno que se sentaba sin más precaución, le indicaba lo que ocurría... Pero ya me cansé y, maléficamente, observé como alguno de los que se sentaban en esos puntos, eran objeto de goteras. En fin, un entretenimiento como otro cualquiera, vaya...

El sube y baja de esta parte de la carrera, es continuo. Se baja hasta levemente por encima de los mil metros de altitud y, después, hay que subir hasta un poco por encima de los dos mil. Dale que te pego...

La Flegere se me hizo un poco más dura. La subida es más compleja y más empinada. Primero la Tête Aux Vents y después la Flegere. Estaba todo muy embarrado y el pasto en la cima, encharcado. Y, ya de noche hacía bastante rato, era el escenario para meter la pata por todo lo indebido. Pero bueno, el caso es que llegué al avituallamiento de la Flegere y di cuenta de un gel de manzana. ¡Inaudito!. Como dicen que los chinos mastican la comida, yo tuve la paciencia de tomar el gel, con coca-cola, por supuesto. Me notaba un tanto flojete, producto de la intensidad con las que subí, y la acumulación de distancia.

Durante la subida, un perro con un cascabel, estuvo cerca de mi grupo. Subía y bajaba. Llegó un momento que ya no lo oí. Pues estando en el avituallamiento, entró por uno de los extremos de la tienda de campaña...

Estuve reposando un ratín y, como quiera que ya empezaba a sentir el estómago revueltillo, opté por tomarme un omeprazol, y salí otra vez a la carrera... Tocaba bajar ya hasta Chamonix. Estaba muy entero de cabeza y contento. Ya restaba, como dice Kako, apretar los dientes y el culo, y tener la Meta en la cabeza. Correr todo lo que se pueda y pensar lo menos posible...

Pero, durante la bajada, sucedió que...

(Continuará)