jueves 21 de octubre de 2010

Del cabestrismo y la violencia...

Hace unos días, aquí en Collado-Villalba, se produjo un atropello de una mujer embarazada.

La condición de la mujer, quizás, es lo que más dramatismo da al triste suceso. Lamentable e injustificable, por mucho que uno quiera o encuentre atenuantes.

Supongo que es general, pero una de las situaciones de riesgo que afronto cada día, es cruzar dos pasos de peatones, aquí en Villalba, y otros dos en Madrid.

En los de mi pueblo, la situación de ambos, uno al final de una bajada, y el otro en una recta con entrada a una rotondilla que da salida al Vial Sur hacia la A-6, me hacen pensar que vadear el Amazonas es un juego de niños.

Con ferocidad escalofriante, uno se encuentra con algunos vehículos energúmenos/as, que atraviesan estos pasos. No solo no se detienen sino que, si estás cruzando, te evitan como si fueras un cono de esos de las prácticas.

Se me olvida un tercero que esta en la carretera de Moralzarzal y otro en la calle Honorio Lozano. Estos los utilizo cuando voy a entrenar a la Dehesa. Me las apaño haciendo señas o esperándome hasta que les veo parado. ¡EN LOS DOS SENTIDOS! Puesto que más de una vez uno me ha parado pero el otro no.

Los de Madrid, uno de ellos, tiene más delito. Está en la Plaza de Cristo Rey. Regulado por semáforo. Las prisas que traen algunos, les hacen saltarse este primer semáforo. Y puesto ya en la sinrazón, se saltan los otros 3 más que, en no más de 10 ó 20 metros, tienen hasta llegar a la calle San Francico de Sales, en cuyo inicio he visto como también se lo saltaba alguno con absoluto desprecio. Y, la ridiculez, de tener que pararse a 300 metros porque ese, enfrente de la Dirección General de la Guardia Civil, y ya imposible de saltar, el hacerlo sería un verdadero salvajismo en estado puro.

Sin comentarios tiene la metamorfosis de conducta cuando se conduce... Esto, supongo que estudiado, es todo un paradigma del cabestrismo y de violencia a la que puede llegar el ser humano cuando se lo propone.

1 comentarios:

pilara dijo...

En el parque donde entreno,se juntan cochazos a hacer trompos,pegar frenazos,y asustar.Los conducen crios que no llegan a veinte.Me pregunto si esos coches son suyos,si esos padres se los han dejado,si saben que es lo que hacen con ellos.....
Si soy yo una de esas madres y me enterara,estaría llorando una semana.Ayer mismo,me sentí furiosa e impotente al verlos.Y me asusta encontrarmelos de frente en mi coche,pero más me asusta que mi hija se los encuentre en algun garito de cervezas dentro de un par de años.