lunes 2 de enero de 2012

Dos de enero


Te imagino entre los árboles más bellos y respetada por el silencio de la paz más merecida. Como la brisa grácilmente entrometida que lee sus mejores libros donde la belleza es capaz de recibirla.

Un año ya sin ti pero no sin vida. Luchamos, en el fondo, para un momento y por un instante y asi construir un camino que, los niños y yo, queremos seguir abriendo. Y, desde él, habilitarnos otros y así siempre; con tu recuerdo y la conciencia de que los cuatro fuimos felices, y nosotros dos, hicimos lo que había que hacer.

jueves 22 de diciembre de 2011

Prácticamente hace un año todavía...


Salgo.

La calle está vacía, casi esteparia, si no fuera por un mirlo que ocupa una rama de un árbol desnudo de hojas.

Me atrae esa escueta luna, como la punta de una uña, como la sonrisa del cielo, en la que veo que te columpias, sencilla y sin prisa. 

Sonríes porque hoy sería y es tu cumpleaños. ¡Feliz cumpleaños!, blanca y aérea...

Dani te regala una planta que refleja la soledad de tu ausencia, pero también el amor por su madre. Es una planta luminosa en su delgadez de tallo, pero complejamente  simple en su flor.

Los tres te buscamos a nuestra forma... y a Marina, que no levanta cabeza, le decimos que no te quiera desde el dolor. Pero, prácticamente, hace un año todavía...


martes 4 de enero de 2011

Para ti, por ti, sin ti...


Marina y Daniel, queridos hijos:

Maite, nuestra amada Maite, en vida fue una persona buena y una excelente madre. Jovial y abnegada.

En su vida profesional, compañera querida y profesora respetada y reconocida.

En su enfermedad, luchadora y valiente.

En su tránsito, pacífica y conscientemente llena de amor que repartió a todos los que la acompañamos.

¡Recordadla así! Y trasladar esto a vuestros hijos, y que estos lo depositen en su legado a los suyos. Y así siempre.

Querida familia:

No somos uno menos. Somos los que ahora somos y una más; nuestra querida Maite, que siempre estará con nosotros. ¡Ánimo!

Queridos amigos:

Quisiera dar las gracias a todos, y ellos saben quiénes son, los que estuvieron en esa primera línea de dolor. Todo mi afecto para vosotros.

También deseo daros las gracias a todos los aquí presentes como también a los que ayer acudieron al velatorio.

Gracias por acompañarnos en estos tristes momentos; y quiero corresponder esta señal de afecto, con el cariño de mi familia hacia todos vosotros.

Maite, para ti, por ti, sin ti...

domingo 19 de diciembre de 2010

Quizá no debería escribir esto...

... pero lo necesito.

Afrontar la temible enfermedad es verdaderamente duro y contundentemente demoledor.

En el horizonte solo se ven sombras de amenazas y dolor. Estos días veo tristeza y lo juro por dios que intento no caer en ella. Pero hoy, por fin, he sucumbido. Y lo tengo que gritar para poder acumular más hasta el fin. Porque es la cruda realidad reconocer que no anda muy lejos.

Reitero que no es por publicidad sino por desahogo. Puede que esto sea inmoral. No lo sé ni me importa Simplemente es mi espacio en el aire en el que puedo hacer lo que humanamente me apetezca. Y, ahora, es lo único que me pide mi alma. Gritar y sacar presión. Y lo único al alcance de mi mano para poder "sacar" estas cosas que me duelen, es escribirlo.

Disculpad los que leáis esto, pero aquí se acaba este blog. No tiene ningún sentido continuarlo.

Saludos a todos.

sábado 20 de noviembre de 2010

Caza a la espía

Después del entrenamiento vespertino diario, quedamos con unos amigos a ver la película CAZA A LA ESPÍA.

Es una buena película que, sobre las memorias de una exagente de la CIA y su marido, un diplomático americaco, reconstruye cómo se montaron las pruebas que falsamente justificaban la invasión de Irak durante el mandato presidencial de G. W. Bush.

Hasta aquí, este comentario sería el de un tranquilo viernes comienzo de fin de semana, pero sucedió algo.

Algo indigno entre humanos pero más vergonzoso y despreciable por los protagonistas del hecho.

En un momento dado, oímos unas voces y al lado nuestro se formó un pequeño corrillo. Fundamentalmente compuesto por chicos. Pero los protagonistas no eran ellos. Eran dos padres discutiendo. La cosa fue a mayores y llegaron a las manos.

Con un salvajismo prehistórico, se liaron a golpes entre ellos. Un niño llorando, otros gritando. Yo opté por no ir a separarles puesto que eran dos especies muy corpulentas y desde luego lo único que podía llevarme era un mamporro. Acudieron otros jóvenes, de estos cachas, que bajaban del gimnasio de la planta superior, y les separaron.

Las mujeres de ambos discutían, discutían pero nada más. Eso sí, sin tener en cuenta a  sus hijos y a los chicos que las estaban oyendo. Parece ser que era un cumpleaños y que había habido alguna refriega entre sus hijos. Estrenaban la última de Harry Potter y el cine estaba "tomado" por la chavalería.

¡Ejemplar! ¿Qué autoridad pueden tener ahora, si es que antes tenían alguna, sobre la formación de sus hijos? No eran dos macarras, no. Eran dos "machos" que inconscientemente dirimieron sus diferencias a golpes, a voces y representaron en lado más perverso y animal del ser humano, y no les importó hacerlo ante nada ni nadie.

Bueno, pues rodeado de los comentarios pertinentes, pasamos a nuestra sala. Previamente me compré una de palomitas y una Coca-Cola.

Comentando el tema con mi amigo Zacarías, me dispuse a desplegar mi comodidad en la butaca que me había tocado. Me quité el abrigo y deposité el vaso de Coca-Cola en el recipiente sujeta-cosas que tienen las butacas.

El contenedor de las palomitas, en la butaca de al lado, que estaba vacía y, como quiera que ya iba a empezar la peli, me dispuse a quitarle la funda a la cañita para sorber la Coca-Cola.

Rasgué la parte superior y la cosa se convirtió en una operación compleja. No salía la maldita funda. Así que se me ocurrió soplar por el extremo que había conseguido abrir, con la intención de que el aire a través del tubito, llegará al otro extremo del mismo e hiciera fuerza para que la expulsara.

Lo hice con tanta fuerza, que el plástico empezó a volar, como si se tratara de uno de esos avioncitos de papel. Pero la aerodinámica de la funda, propició que hiciera un recorrido rápido y absolutamente aleatorio.

El resultado fue que le cayó encima a un señor mayor. Aterrizó sobre su regazo, previamente volando en formación raseada por su calva.

¡Ostias!, no sabía dónde meterme. Menos mal que en ese instante se apagó la luz y, tras algunas risas y desconcentración que tuve con mi amigo, la cosa no pasó a mayores y comenzó la... ¡CAZA DE LA ESPÍA!

¡Qué aventuras las de la sesión de noche!

sábado 13 de noviembre de 2010

A Carlina

Residencia Montehermoso, en Camorritos, Cercedilla, Madrid. Son las 12:30. Mi hermano y yo vamos a ver a nuestra madre y la llevamos algunas cosillas.

Es un lugar triste. Indudablemente triste. No es precisamente alegre lo que allí dentro se puede palpar.

Aún así, se ve la solidaridad que existe entre los mayores. Francamente es como un pequeño mausoleo en el que las estatuas cobran vida a duras penas...

Subimos al primer piso. La encuentro cada día un pelín más deteriorada, dentro de sus noventa años ya. Pero sigue queriendo controlar las cosas. Según nos dice el médico, es la única que siempre tiene que estar preocupada por algo. 

Es la hora de la comida. Y allí ya está dispuesta mi madre para comer. Empezamos a colocar las cosas que le hemos traído y aparece Carlina.

Carlina es una venezolana que trabaja allí en la Residencia. Es notablemente simpática y de muy buen ánimo. Trabaja mucho y es la cuidadora de mi madre.

Es como su ángel de la guardia. La mima, la arropa, en definitiva, la cuida y la mantiene viva, yo creo.

Nos está muy agradecida porque la hemos traído un regalo. Ella no sabe que para nosotros es un regalo ver como se ocupa de nuestra madre. La ponemos su abrigo y la sacamos a pasear. Hace un día un tanto gris, pero fuera hay vida...

Le estoy profundamente agradecido a Carlina. Ella ha venido desde América para buscarse la vida. Y nosotros hemos tenido la suerte de que exista y que haga su trabajo con tanta eficacia y ayude tanto a mi madre. Se lo agradezco muchísimo.
Al salir descubro una foto en un portaretratos. Me quedo flipado. Soy yo, sentado con mis hijos en las piernas y, al fondo, la Sierra de Hoyo de Manzanares.
¡Muchas gracias, Carlina!

martes 9 de noviembre de 2010

La Maratón de Zaragoza.

No lo digo con jactancia, pero ya llevo un montón de maratones en mi zurrón. Y esta pequeña experiencia, a uno le sirve para hacer algún ejercicio comparativo-reflexivo sobre algunas cosas que se dan en unas y en otras. Tanto personales como generales.

En lo personal he tenido la gran suerte de no correr solo. Con ello no quiero decir que ir solo sea tener mala suerte. Yo estoy convencido de la famosa y legendaria sentencia de "la soledad del corredor de fondo".

Correr en compañía, en grandísima y buena compañía, tiene enormes beneficios tanto para el cuerpo como para el alma. Fundamentalmente se trata de dos planetas que en un momento dado, por aquellos enigmas del azar, utilizan la misma vía, ocupan la misma órbita y deben de preservar la distancia intersticial que la naturaleza de las cosas requieren para ahuyentar los cataclismos.

Al principio tuve mis dudas. Dudas basadas en la compatibilidad de estrategias y formas de hacer. De amenazas y de hostilidades. Pero, finalamente, dejé que la libertad y la voluntad, de forma sosegada y calma, como se echa un barco a la mar, se apoderaran de mi conducta. Y no pude ni quise resistirme.

Igual que sucede en las concurrencias astronómicas, hay causas que las explican y efectos inexplicables. Pero, lo fundamental, es que se produce. Y, para mí, ha sido una gratísima experiencia. He intentado molestar lo menos posible. Pero es difícil, muy complicado, reconocer cuándo debes o no comentar y traspasar ese espacio debido para apoyarse mutuamente y proyectar energía secundaria para continuar el recorrido.

Por otro lado, hay una asunto que me ha sorprendido gratamente; y este ha sido la disponibilidad de los voluntarios de carrera.

Parecen imperceptibles, pero ahí están. En intersecciones, desviaciones, en avituallamientos, en fin, en todas las partes. Pero, en este caso, la diferencia con otras carreras es que eran gente mayor. Y digo mayor en el sentido equivalente al término de jubilados.

Amables, animosos, cordiales y respetuosos. Una sonrisa, una expresión con sentido y sentimiento. Con la coherencia de su responsabilidad y con el respeto que impelen a todo lo que desarrollan, imponían autoridad.

Me he sentido arropado hasta las orejas por ellos. Como si decoraran una habitación con la minuciosidad de un nuevo nacimiento. Les agradezco muchísimo su presencia.

Y siguiendo en esta vía de los reconocimientos, gracias a Pilar por dejarme compartir su carrera y su respiración. Gracias a Mercedes por compartir sus espacios conmigo. Gracias a Chema por compartir, con integridad de mi persona, la preocupación de un entrenador por su atleta. Y un abrazo a Pepe-Despacio y a Jesús, amigos y compañeros de Club, por sus manifestaciones de amistad y su presencia.