Después del entrenamiento vespertino diario, quedamos con unos amigos a ver la película CAZA A LA ESPÍA.
Es una buena película que, sobre las memorias de una exagente de la CIA y su marido, un diplomático americaco, reconstruye cómo se montaron las pruebas que falsamente justificaban la invasión de Irak durante el mandato presidencial de G. W. Bush.
Hasta aquí, este comentario sería el de un tranquilo viernes comienzo de fin de semana, pero sucedió algo.
Algo indigno entre humanos pero más vergonzoso y despreciable por los protagonistas del hecho.
En un momento dado, oímos unas voces y al lado nuestro se formó un pequeño corrillo. Fundamentalmente compuesto por chicos. Pero los protagonistas no eran ellos. Eran dos padres discutiendo. La cosa fue a mayores y llegaron a las manos.
Con un salvajismo prehistórico, se liaron a golpes entre ellos. Un niño llorando, otros gritando. Yo opté por no ir a separarles puesto que eran dos especies muy corpulentas y desde luego lo único que podía llevarme era un mamporro. Acudieron otros jóvenes, de estos cachas, que bajaban del gimnasio de la planta superior, y les separaron.
Las mujeres de ambos discutían, discutían pero nada más. Eso sí, sin tener en cuenta a sus hijos y a los chicos que las estaban oyendo. Parece ser que era un cumpleaños y que había habido alguna refriega entre sus hijos. Estrenaban la última de Harry Potter y el cine estaba "tomado" por la chavalería.
¡Ejemplar! ¿Qué autoridad pueden tener ahora, si es que antes tenían alguna, sobre la formación de sus hijos? No eran dos macarras, no. Eran dos "machos" que inconscientemente dirimieron sus diferencias a golpes, a voces y representaron en lado más perverso y animal del ser humano, y no les importó hacerlo ante nada ni nadie.
Bueno, pues rodeado de los comentarios pertinentes, pasamos a nuestra sala. Previamente me compré una de palomitas y una Coca-Cola.
Comentando el tema con mi amigo Zacarías, me dispuse a desplegar mi comodidad en la butaca que me había tocado. Me quité el abrigo y deposité el vaso de Coca-Cola en el recipiente sujeta-cosas que tienen las butacas.
El contenedor de las palomitas, en la butaca de al lado, que estaba vacía y, como quiera que ya iba a empezar la peli, me dispuse a quitarle la funda a la cañita para sorber la Coca-Cola.
Rasgué la parte superior y la cosa se convirtió en una operación compleja. No salía la maldita funda. Así que se me ocurrió soplar por el extremo que había conseguido abrir, con la intención de que el aire a través del tubito, llegará al otro extremo del mismo e hiciera fuerza para que la expulsara.
Lo hice con tanta fuerza, que el plástico empezó a volar, como si se tratara de uno de esos avioncitos de papel. Pero la aerodinámica de la funda, propició que hiciera un recorrido rápido y absolutamente aleatorio.
El resultado fue que le cayó encima a un señor mayor. Aterrizó sobre su regazo, previamente volando en formación raseada por su calva.
¡Ostias!, no sabía dónde meterme. Menos mal que en ese instante se apagó la luz y, tras algunas risas y desconcentración que tuve con mi amigo, la cosa no pasó a mayores y comenzó la... ¡CAZA DE LA ESPÍA!
¡Qué aventuras las de la sesión de noche!